Online

Es argentina y fundó uno de los fondos más activos de Latinoamérica: invierten hasta u$s 2 M por startup

Marta Cruz apuesta a las empresas tecnológicas con mayor impacto dentro de la región. Fue la primera mujer presidenta de la ARCAP y la nombraron como una de las PowerWoman en FinTech.

17 de Septiembre 2020

Sin miedo al fracaso, ni tampoco al éxito, Marta Cruz se animó a soñar en grande y derribar mandatos culturales para en 2011 convertirse en socia fundadora de NXTP Labs, uno de los fondos de inversión más activos con programa de aceleración en América Latina -con un portafolio conformado por 194 startups de base tecnológica- y con fundadores de más de 16 países. 

Tiempo después del primero, la argentina emprendedora decidió junto a sus socios lanzar en Buenos Aires el segundo fondo de Venture Capital, NXTP Ventures, destinado a invertir en startups de base tecnológica con mayor impacto en la región. 

Cruz es licenciada en Administración de Empresas de la UBA y también tiene un Doctorado en Administración por el IAE. Fue la primera mujer presidenta de ARCAP, Asociación de Capital Privado, Emprendedora y Capital Semilla de Argentina, y nombrada una de las PowerWoman en FinTech en Innotribe. 

Involucrada en la importancia del rol de la mujer en el ecosistema del emprendimiento e inversión, ella trabaja arduamente para desarrollar estos ecosistemas dentro de Latinoamérica. Apoya la iniciativa WeXchange desarrollada por el Bid Lab, entre otras, y lidera la creación del Día de la Mujer Emprendedora de LAC.

En diciembre del 2019 fundó -junto con Susana García Robles- We Invest Latam, una comunidad de mujeres inversoras cuyo fin es compartir conocimiento y darles visibilidad a todas aquellas que toman decisiones en este rubro. “Nos estamos constituyendo como ONG. Hoy somos cerca de 140 mujeres en Latinoamérica que interactuamos a diario, compartiendo conocimiento y experiencias valiosas", explica en diálogo con Infotechnology.

NXTP: pioneros en la industria del VC en Latinoamérica

“Comenzamos en el 2011 con el objetivo de apoyar startups de base tecnológica digital aprovechando la oportunidad que había en el mercado de encontrar buenos emprendedores, que desarrollen plataformas y soluciones. “Armamos este fondo de ‘Seed stage’ en el que invertíamos capital y recursos a través de programas de couching y mentoreo”, señala Cruz. 

En NXTP Labs invertían desde u$s 25 mil hasta u$s 1 millón por startup. Luego de hacer unas 150 inversiones y cerca de 16 programas de aceleración de cuatro meses, decidieron crear un segundo fondo para invertir en 2018 en “early stage”, es decir, en compañías que siguen siendo incipientes pero “que ya tienen el modelo de negocios más probado”. Eso fue lo que se transformó en NXTP Ventures, donde actualmente hay ocho inversiones, con aproximadamente $ 100 millones en capital bajo administración.

De acuerdo con Cruz, el último fondo -cuyas inversiones varían entre u$s 500 mil y u$s 2 millones- tiene una tesis de inversión muy clara. Solo invierten en emprendimientos de base tecnológica enfocados en B2B que tengan la capacidad de globalizarse o al menos regionalizarse. “Hoy en día, tenemos el 80% del portafolio que tiene operaciones en más de un continente”, asegura. 

¿Qué porcentaje de startups en las cuales invirtieron fue un éxito? 

En el primer fondo tenemos un porcentaje de un 65, 70% aproximadamente de compañías que están en funcionamiento. Pero lo más importante es que de ese total, el 30% son compañías que las denominamos "high impact",  debido a que por su desenvolvimiento podemos vislumbrar una performance sobresaliente. De hecho contamos en el portafolio con un unicornio como Auth0.

¿Dónde creés que está el futuro de las inversiones a corto y largo plazo?

Yo siempre estoy en el mismo ámbito, en tecnología. No hacemos biotech, que es la unión de la ciencia y la tecnología, creo que tiene una gran oportunidad pese a que aún no nos hemos metido en el ámbito por un tema de conocimiento. Estoy segura que ahí hay un lazo que se tiene que conectar y seguir creciendo que es, básicamente, lo que hace un científico y un emprendedor, para transformar lo que hace un científico en un negocio. En Israel esto ya es el pan de cada día y se están viendo grandes avances en esto.

En el corto y mediano plazo, nosotros miramos lo relacionado con la tecnología que apunte a la inteligencia artificial en todos los ámbitos. Y mucho más hacia adelante, con lo que tiene que ver con la computación cuántica. 

Fuiste la primera mujer presidenta de ARCAP y nombrada una de las PowerWoman en FinTech, ¿por qué te parece que obtuviste esos reconocimientos? 

Creo que tiene que ver con un tema de trayectoria, cuando uno tiene algunos años ya ha hecho muchas cosas y si en general tuvieron como denominador común un nivel de profesionalismo destacado luego empiezan a pasar este tipo de cosas. 

Uno de los principales rasgos distintivos tiene que ver con la generación de confianza, decir que uno va a hacer algo y que termine haciéndolo. Pero por el otro lado, también hay una gran necesidad de poder tener rol model femenino, de que más mujeres puedan hacer este tipo de cosas para que otras se contagien.

¿Y por qué creés que hay pocas mujeres emprendedoras?

Tiene que ver con algunas cuestiones sociológicas, son cosas que hay que romper. Creo que con todo lo que se viene transformando el tema de la paternidad compartida, el rol que toma el hombre en las cuestiones familiares, hace que las mujeres puedan desligarse de ese mandato y que, poco a poco, hayan más posibilidades. 

¿Vos cómo hiciste para romper con los mandatos?

En mi época no estaba toda esta dinámica de la paternidad compartida, pero tuve la suerte de tener un marido que empezó con esto hace muchos años. Fue fundamental como para que pueda desarrollarme a nivel profesional y tener esos reconocimientos. 

La verdad es que yo jamás pensé que había alguna diferencia entre hombres y mujeres. Recién me di cuenta que había cierta diferenciación en las reuniones y en distintas situaciones cuando empecé a meterme en este mundo. Ahí descubrí que las mismas cosas que me pasaban a mí, le pasaban también a otras mujeres. 

Por ejemplo el hecho de que te tapen la voz en una reunión, que los varones no escuchen una opinión cuando es de una mujer. Para eso tenemos que decirlo en voz alta. Y cuando una mujer alza la voz es una histérica, pero cuando un hombre la alza es una persona que ejerce liderazgo. Todas esas cosas las estamos trabajando tanto desde las iniciativas de mujeres emprendedoras en las que participo, como en los ámbitos de mujeres inversoras. 

¿Notás alguna diferencia entre emprendedores y emprendedoras? 

Sí, total. Por eso es tan maravilloso que sean mixtos los equipos. Se necesita al varón con toda su liviandad y su desparpajo en cómo hacer las cosas, sin tanta rosca, es más arriesgado. Pero también se necesita a la mujer que por ahí es más pensante y tiene la capacidad de manejar muchas cosas al mismo tiempo de una forma organizada. 

¿Cuál es el espíritu de un buen emprendedor?

Básicamente mucha capacidad de resiliencia y frustración, porque realmente a lo largo de la vida emprendedora uno tiene como muchos vaivenes. Hay un día que sos como Steve Jobs y otro día te sentís el último de los últimos. Entonces tenés que tener esa capacidad para decir “bueno hoy las cosas no salieron pero mañana va a ser mejor”.

¿Fracasaste alguna vez? 

Sí, por supuesto, tuve varios fracasos. El más emblemático, el que más me sirvió para ayudar a muchos emprendedores fue en el 96’, 98’, cuando quise hacer historias clínicas universales. 

Quería crear un sistema en el que el dueño de la historia clínica sea el paciente y que a través de internet todos los médicos pudieran acceder a la misma historia clínica. Esto iba a ayudar a que el paciente tenga más control sobre todo lo que le iban haciendo, a que no se repitieran los análisis clínicos innecesarios y así contribuiría a reducir el costo de la salud en general (...) La realidad es que en ese momento conseguí el “Lead Investor”, teníamos los socios adecuados pero no conseguí el resto de los inversores porque necesitaba mucho dinero, los costos de la tecnología eran carísimos. Para empezar a hablar necesitaba u$s 3 millones. 

Eso para mí fue un fracaso porque no pude avanzar con el emprendimiento, pero nunca lo conté hasta que entré en este mundo de emprendedores y en donde vi que cuando uno fracasa y aprende de este fracaso, en realidad es muy positivo. Aprendí que hay que pensar en grande, como yo pensaba en hacer un gran sistema, pero hay que empezar en pequeño. Y probar que uno tiene capacidad de hacer las pequeñas partes de ese gran proyecto e ir avanzando hacia algo mucho más potente a futuro.



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Notas Relacionadas