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Efecto devaluación: ¿vuelve a ser negocio fabricar tecnología en la Argentina?

Las dificultades en logística y la carga tributaria son señaladas, desde siempre, como los principales elementos que impiden la competitividad de los productos electrónicos fabricados en el país. Devaluación mediante, ¿esto es aún así?

Por ALDANA VALES - 20 de Febrero 2019
Efecto devaluación: ¿vuelve a ser negocio fabricar tecnología en la Argentina?

El fin de los aranceles a la importación de computadoras va camino a cumplir dos años. Atrás quedaron las famosas Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación, mejor conocidas como DJAI, con las que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner filtraba y frenaba la entrada de elementos fabricados en el exterior. Atrás quedó también la época en la que, protegidos contra esos ingresos, los productos electrónicos nacionales aparecían no solo como una opción accesible en el mercado argentino, sino también como la única posible.

Aunque la remoción del arancel del 35 por ciento era conocida de antemano (excepto para dispositivos móviles), su impacto entre las empresas productoras de electrónica fue fuerte. Las marcas nacionales vieron una merma en su participación del mercado. Pero esa no fue la única medida que puso en jaque la producción nacional. Para aquellas que importan componentes, la devaluación del peso ocurrida entre mayo y septiembre también tuvo sus efectos negativos. A ese cóctel se suma la inflación, que según las proyecciones superará el 40 por ciento en 2018. 

Ante ese escenario, ¿conviene fabricar tecnología en el país? Consultados por Infotechnology, especialistas del sector coinciden en su respuesta: todavía no. Pero eso no significa que desechen la idea.

Diagnóstico

“La Argentina fue un experimento, pero todos sabíamos que no iba a funcionar”, considera Hernán Chapitel, director de Ventas para America latina de ASRock. Para el ejecutivo de esta empresa especializada en el diseño y la producción de motherboards, el único país que actualmente produce estos elementos de forma “viable” es Brasil. Por eso, allí la marca tiene una de sus plantas.

Según Chapitel, “a nivel global la guerra comercial también está afectando un montón el tema”, sobre todo en el segmento de placas y discos rígidos. En la región, la crisis no ayuda para mejorar las posibilidades de producción de estos elementos. Para el ejecutivo, esto es especialmente problemático en la Argentina. “Se devaluó la moneda en un 100 por ciento, pero los sueldos aumentaron solamente el 25. No hay un incentivo a nuestra industria. Algo hay que inventar para que se reactive”, reclama.

A partir de la apertura al mundo del gobierno actual, todas las compañías que fabrican productos locales empezaron inmediatamente a competir con otras empresas. Especialmente con las que fabrican en China. “A igualdad de características y prestaciones de productos, competir contra el principal productor a nivel global es complejo”, señala, por su parte, Ricardo Castro, gerente del área Comercial y Marketing de HDC.

Para él, “a nivel de preferencia de productos locales o importados, con el gobierno anterior muchas empresas tuvieron que optar por diferentes firmas locales”. En esa experiencia, muchos tuvieron buenas experiencias con algunas marcas, pero malas experiencias “con otras que no hicieron las cosas correctamente”.

“Si hay ingenio se puede hacer algo local, pero es inviable si no hay un plan a largo plazo.” -- Hernán Chapitel,  director de Ventas para América latina de ASRock.

Desde HDC International —importadora, fabricante y distribuidora mayorista de electrónica de consumo e IT— consideran que en un contexto como el actual en el que hay igualdad de precio “el consumidor tiende a preferir la marca internacional porque presupone que tiene cierta calidad puesto que trabaja con otros estándares”.
Más allá de la industria de la electrónica o la informática, se cree que un producto importado tiene mejores prestaciones que uno local. Eso es porque históricamente las experiencias fueron fallidas. Pero Castro, que viene de haber tenido un puesto similar en Banghó, considera que, en los últimos años, las empresas nacionales “se prepararon para fabricar y producir”.

¿Quiere decir eso que se puede fabricar en la Argentina productos de calidad como en el resto del mundo? La respuesta de Castro es que sí. “Tenemos gente preparada. Pero lo que tiene que estar preparado es un ecosistema donde las empresas puedan competir”, advierte.

Críticas

“Todavía falta trabajar mucho en la Argentina para ganar competitividad”, sostiene Diego Martin, el gerente Comercial para el Cono Sur de Furukawa Electric, la empresa japonesa especializada en fibra óptica. Allí ven que hay “cierta competitividad regional con los países limítrofes”, pero que el panorama es más complicado cuando se quiere exportar más allá. En ese escenario, no hay posibilidad de competir.

Uno de los primeros elementos que aparecen al momento de analizar por qué no conviene fabricar productos electrónicos en el país es el mercado. Por un lado, la demanda, un factor especialmente preocupante para algunos productores de hardware. “El tamaño del mercado no da. Es una cuestión de habitantes”, explica Chapitel. Además, considera que “fabricar placas lleva una tecnología y un desarrollo mayor a lo que implica producir un aire acondicionado o un televisor”. Por otro lado, la oferta y la capacidad de adquirir materias primas. “En la Argentina no se produce una gran cantidad de materias primas, entonces estás obligado a importar”, subraya, por su parte, Martin. 

En ese sentido, el ejecutivo de Furukawa advierte que los cambios en el valor del dólar impactó fuertemente en los materiales importados, aunque en la empresa llevan adelante desde hace varios años un plan de nacionalización de todas las materias primas, a través del desarrollo de proveedores y compras locales. “Hay una parte que estamos obligados a entrar de afuera porque realmente no hay fabricantes autoctonos. En ese caso, impactó fuertemente sobre el producto teniendo en cuenta que el salto grande del dólar fue en muy poco tiempo”, agrega.

Con el escenario actual en mente, Furuwaka en la Argentina trata de encontrar las oportunidades locales y regionales de negocio. “Nuestro foco siempre ha sido crecer y apostar en la Argentina. De todas maneras sabemos que el año que viene va a ser duro y estamos desarrollando nuestros planes estratégicos para tratar de entender mejor el negocio que vamos a poder desarrollar”, indica Martin.

El malo de la película

Sin embargo, el protagonista de todas las críticas a la falta de competitividad de la industria argentina es el esquema de impuestos. Desde el sector, la carga tributaria aparece como el problema más importante a solucionar. En ese sentido, IVA, ingresos brutos y seguridad social encabezan las preocupaciones de los fabricantes de productos electrónicos en términos tributarios.

Por eso, para Martin, es importante “tener alguna actualización de las leyes impositivas”. “Creo que ahí hay que hacer una revisión urgente si queremos ser desde el punto de vista industrial competitivos en serio. Tenemos que revisar el tema de impuestos, porque algunos son muy distorsivos a nivel de costos”, señala.

Un ambiente amigable para la producción local incluiría también, para Castro, una revisión del mundo laboral. “Lo más importante es definir de raíz un modelo donde no se perjudique a empresarios y se beneficie a empleados o viceversa. Tiene que generarse un ecosistema para que el país tenga una producción genuina para que empresarios y marcas internacionales quieran invertir en la Argentina, que tengan un modelo sustentable en el tiempo más allá del gobierno de turno”, sostiene el gerente de Comercial y de Marketing de HDC International.

También las retenciones plantean una preocupación. “Mientras que otros países incentivan o motivan la exportación, creo que aquí de alguna manera se termina penalizando”, agrega Martin.

“Hay una matriz que habría que redefinir para que las empresas que fabrican en la Argentina tengan herramientas para que puedan competir con las que vienen de otro país.” -- Ricardo Castro, gerente de Comercial y de Marketing de HDC International.

En América latina, Furukawa tiene fábricas en la Argentina, Brasil, Colombia y México. También tiene presencia en los Estados Unidos, Europa y Asia. “Tratamos de tener plantas en cada uno de los países en los que estamos para garantizar la disponibilidad de nuestros productos”, explica Martin, consciente de que cada nación tiene sus características y sus políticas con respecto a la industria. Él cree que la Argentina “es uno de los lugares con más cultura industrial dentro de la región de América Latina”, pero que todavía “falta trabajar más y crear un ambiente más beneficioso para la industria”. En ese sentido, señala las políticas “que aplicaron con bastante éxito” en los otros puntos de la región en los que está la empresa y que, según él, “beneficiaron mucho el crecimiento de la industria”.   

Logística

Los impuestos no son el único desafío para la competitividad de los productos fabricados en la Argentina. La logística también se lleva su parte, aseguran en el sector. En especial, cuando se trata de traer los elementos ya terminados desde Tierra del Fuego.

En ese sentido, Martin sostiene que “hay cuestiones logísticas también que verdaderamente son muy costosas”. Él propone “optimizar los costos de los fletes, mejorar las rutas”, convencido de que eso tendría un impacto muy fuerte sobre la competitividad y beneficiaría a la producción local.

“Creo que hay una matriz que habría que redefinir para que las empresas que fabrican en la Argentina tengan herramientas para que puedan competir con los que vienen de otro país”, sostiene, por su parte, Castro, de HDC. Pero también advierte: “No hablo de una barrera proteccionista, que era lo que aplicaba el Gobierno anterior; sino algo más integral para los próximos 100 años.

Expectativas

Para Castro, la clave está en armar una estructura de beneficios fiscales, laborales, de logística que potencie la producción nacional, “pero pensando en 100 años, no en el año que viene”.

Chapitel coincide y cuestiona que las leyes cambien en el país y la falta de ideas para tener una “política de promoción industrial a 20 años como tuvo Brasil”. “Si hay ingenio se puede hacer algo local, pero es inviable si no hay un plan a largo plazo”, concluye.

(Fotografía: Gustavo Fernández)



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