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Quién es el argentino que tiene "todos los números" para ser el próximo Nobel

Sus aportes a la física teórica en el campo de la Teoría de Cuerdas tienen impacto en cómo hoy entendemos el universo y, también, en temas de Inteligencia Artificial.  Por ENRIQUE GARABETYAN - 05 de Octubre 2018
Quién es el argentino que tiene "todos los números" para ser el próximo Nobel

En su medio siglo de vida el físico argentino Juan Martín Maldacena, acumula una larguísima cantidad de honores académicos: egresado del Instituto Balseiro en 1991, viajó a los Estados Unidos, donde hizo estudios de posgrado en instituciones prestigiosas como Rutgers y Harvard. Actualmente, es profesor del Institute for Advanced Studies de la Universidad de Princeton. Y los cajones de su estudio guardan testimonio de premios más que importantes: desde el Konex de Diamante a la Medalla Dirac, desde el Premio Pomeranchuk, al Fundamental Physics Prize.

El más reciente lo recibió hace pocos meses: la medalla Lorentz, una distinción que se otorga cada cuatro años al investigador que haya realizado aportes sobresalientes en materia de física teórica. Vale destacar un detalle: de los 21 receptores de este galardón, once terminaron también recibiendo un Nobel. Tiene hasta una canción compuesta en su nombre, que le cantaron sus colegas durante una reunión académica, con el pegadizo ritmo veraniego de "La Macarena", pero jugando con su apellido.

A pesar de eso, el reconocimiento personal no es un tema que le preocupe demasiado. Es más, esquiva con modestia pero firmeza, esas menciones.
Hace ya casi tres décadas, bajo el influjo de uno de sus mentores, Maldacena comenzó a investigar sobre la Teoría de Cuerdas (TC), uno de los temas más relevantes de la ciencia teórica y que fue alumbrada a fines de los años 60. Con sus ideas y vueltas de décadas, a mediados de los noventa, este cuerpo de ideas de la física tuvo un importante revival entre los especialistas y allí se sumó la inteligencia de Maldacena.

“Todavía hoy sigo pensando que la TC es una teoría en construcción y sigue siendo, por ahora, nuestra mejor candidata para poder describir en conjunto a la mecánica cuántica, que estudia el comportamiento del microscópico mundo subatómico, y a la teoría de la gravedad”, dice con parsimonia y claridad, desde su estudio en Princeton, en entrevista telefónica con Infotechnology.

Eligiendo cada palabra para poder ser claro en conceptos y metáforas de un tema más que complejo, Maldacena recalcó que si bien es una teoría “que sigue en construcción y sabemos que no tenemos, por ahora, su formulación final a la vista, sí vemos que aportó a la física algunos aspectos matemáticos que nos han sido útiles para obtener resultados realmente interesantes”. 

En esa línea, muchos físicos han criticado a la TC, basándose en que no tiene un sustento experimental. “Es que la TC, como teoría de la gravedad cuántica y considerando las cuatro dimensiones de nuestro espacio-tiempo no ha logrado, aún, ninguna predicción ni experimento que la valide”, reconoce Maldacena. “Pero sí hemos podido establecer relaciones probadas entre la TC y otras teorías de la física de partículas. O sea que en otros campos de la ciencia, la TC resultó una herramienta útil”, subraya.

No es fácil entender el objetivo de desarrollar una teoría tan matemáticamente enmarañada que apenas unos cientos de personas en el mundo logran descifrar sus ecuaciones. Pero Maldacena no se arredra y contesta: “Creo que el principal objetivo de la TC es ayudarnos a que podamos entender los primeros instantes del Big Bang. Comprender mejor qué pasó en ese momento. Hay otras teorías pero no logran describir ese tiempo del universo en el que toda la materia estaba comprimida en un espacio mucho menor al de un átomo, de manera tal que los efectos cuánticos generaban efectos relevantes. Para entender ese período tan particular la TC es una herramienta posible. Claro que ese es el objetivo, pero debemos reconocer que aún estamos desarrollando las ideas necesarias”.

El trabajo de Maldacena implica mirar a las cosas de cerca. Acá, la ilustración lo muestra hundido en el mundo microscopico como en la película “Querida, encogí a los niños”. 

Especulaciones

Aunque su campo de trabajo es la física teórica, Maldacena no se arredra ante la pregunta de posibles usos prácticos futuros de su área de investigación. “Por ahora no hay nada concreto, pero si me preguntan si es posible hacer alguna especulación interesante podría destacar que hay ciertas similitudes conceptuales entre la TC y algunos principios relacionados con la Inteligencia Artificial y la búsqueda de patrones. Soy muy consciente de que, por ahora, no se entiende para qué puede ser útil la TC, pero se podría especular en ese sentido.”

Su metier cotidiano lo lleva a dedicarse full time a la ciencia básica y prefiere alejarse de las especulaciones y opiniones políticas. Pero no duda en afirmar  que “la ciencia aplicada tiene un correlato muy estrecho con el desarrollo económico y con las industrias avanzadas, como por ejemplo las relacionadas con nuevos materiales o la electrónica y semiconductores”. Por eso no tiene empacho en recordar que “es importante que un país dedique inversiones sostenidas a su sistema científico” para que los expertos puedan estudiar  distintas áreas, ya que eso puede traer beneficios concretos para el resto de la economía. “Pero ambas ramas tienen que ir juntas, la ciencia teórica y la aplicada, algo que funciona muy bien como se ve incluso en países chicos como Israel.”

Personalmente asegura estar muy satisfecho haciendo ciencia básica. “Nunca consideré, ni me propusieron seriamente, ir a trabajar a una compañía privada, pero sí he tenido algunos colegas de mi rama que fueron convocados a trabajar en alguna empresa, por ejemplo en el campo de la Inteligencia Artificial.”

Un detalle significativo es cómo influye la intuición en su trabajo. “En mi campo es importante para hacer algunos avances, pero también es cierto que con la experiencia personal uno aprende mejor a desarrollarla y hacia dónde dirigirla de manera de obtener los mejores resultados. Es como explorar una montaña. Después de caminar muchos senderos, uno empieza a intuir los paisajes que puede haber después de una curva en el camino.”

El eterno candidato

Uno de los rasgos de Maldacena es la humildad que desbordan sus actitudes y palabras. Aunque es hoy la promesa más firme para que la ciencia argentina vuelva a recibir un premio Nobel (en su caso sería el de Física), vale recordar que prácticamente casi toda su carrera profesional la hizo en universidades de los Estados Unidos. Y casi nunca el periodismo lo exime de la pregunta: ¿piensa a veces que es un candidato al Nobel? Su respuesta es rápida, concreta y ácida: “No”. 
Entonces, ¿qué lo mueve a seguir desarrollando teorías hipercomplejas de expresar en términos no matemáticos, a lo largo de tantos años? “Es que me gusta, y me motiva, tener nuevos temas para poder seguir exponiendo en las próximas conferencias de la especialidad”, explica con ironía y una sonrisa. 

Su publicación seminal, de 1997, en la actualidad ostenta más de 16.000 citas: un récord en el campo de  la física teórica. 

Seguir con la misma pasión no es un desafío menor para quien es el autor del paper más citado en su especialidad: “The Large N Limit of Superconformal field theories and supergravity” o lo que sus colegas llaman “conjetura de Maldacena”. Hasta ahora, entre su publicación en 1997 y la actualidad, ostenta más de 16.000 citas: un récord en el campo de la física teórica. 

No es lo único que lo motiva y admite que también lo impulsa el perseguir la belleza estética de estas ideas, que no son fáciles de entrever por el lego. “Entiendo que la TC no es como la teoría de la Relatividad General de Einstein que es bella y elegante en una forma sorprendente. La Teoría de Cuerdas exhibe buenas relaciones matemáticas, pero no una gran simplicidad conceptual. Lo cierto es que aunque reconozco que algunos de estos cálculos matemáticos no son atractivos, a otros yo sí logro encontrarles un valor estético. Creo que es una teoría que tiene esos rasgos y muchos los encontramos fascinantes.”  

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Nota publicada en la edición 252 (octubre/2018) de INFOTECHNOLOGY.

Ilustración: Mercedes Mares.



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3 Comentarios

Rubén Ardosain Reportar Responder

Capullo, el universo no es tan complicada como aparenta, si lo fuera no funcionaria tan bien. Partan de la base de que solo es un sistema térmico, que el espacio es el quinto estado de la materia y que la Nada no existe.¨rubenardosain.wordpress.com¨

Nicolas Rey Reportar Responder

Díficil que lo sea, ya que sus aportes son en un área donde la comprobación experimental es complicada.

JD Honigman Inmobiliarios Reportar Responder

Un talento argentino...que desarolla sus estudios e investigaciones en USA...Un Nobel sería un logro personal, no para la ciencia argentina, debido a que lamentablemente no puede trabajar en nuestro país. Como tantos otros: recuerdan a Millstein?

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