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3 maneras de motivarse a si mismo (y no procrastinar): la ciencia tiene la palabra

basado en investigaciones científicas, un especialista da sus mejores consejos para lidiar con las emociones negativas al momento de enfrentar pendientes. 06 de Diciembre 2017
3 maneras de motivarse a si mismo (y no procrastinar): la ciencia tiene la palabra

Uno tiene muchas cosas para hacer pero termina haciendo, casi siempre, una parte, por más que escriba listas o se ponga objetivos. ¿Por qué uno sabe lo que falla a la hora de cerrar pendientes pero no termina de resolverlos?

Estos sistemas, listas, objetivos, habitualmente no consideran las emociones, dice el periodista y conferencista Eric Barker, que hace pocos meses publicó su libro “Ladrandole al árbol equivocado: la sorprendente ciencia detrás de todo lo que sabés sobre el éxito está (mayormente) mal” (en inglés). “Los sentimientos son fundamentales e inevitablemente parte de todo lo que hacemos. No podemos ignorarlos porque en nuestros cerebros, tal como están estructurados, los sentimientos suelen ganarles a los pensamientos cuando entran a competir”, explica. “Y no podemos pelear contra nuestros sentimientos, según varias investigación científicas.”

Barker cita luego un artículo de “El antídoto: felicidad para aquellos que no pueden soportar el pensamiento positivo”: “Cuando los sujetos de experimentos son expuestos a eventos infelices pero se les dice que intenten no sentirse mal por ellos, se terminan sintiendo peor que aquellos que son informados de esos eventos pero a quienes no se les da instrucciones. Otro estudio muestra que cuando los pacientes sienten ataques de pánico y escuchan grabaciones de sonidos relajantes, sus corazones laten más fuerte que cuando escuchan audiolibros que no son expresamente para relajarse. Cuando uno se esfuerza por evitar mostrar los sentimientos, peor se siente”.

Entonces, las emociones son parte del proceso de automotivarse. En su libro Switch, Chip y Dan Heath dicen que las emociones son esenciales para armar cualquier plan y que hay que “enfocarse en ellas porque no alcanza con conocer algo, también hay que sentirlo”.  Es decir, en palabras de Barker, que no alcanza con saber qué hace falta “tomar el timón” sino que también hay que “sentir la necesidad de actuar”.

¿Cómo lidiar con las emociones? A continuación, tres pasos:

 

1. Positividad

¿Cuándo uno procrastina más? Cuando está de mal humor. Así, cita Barker (de Temptation: Finding Self-Control in an Age of Excess), “procrastinar es una técnica para gestionar el tiempo pero corta de miras (como drogarse o comer)”. Mientras, las investigaciones muestran que la felicidad incrementa la posibilidad y ser más exitosos. Por eso es que los militares enseñan a ser optimistas antes de enfrentar una batalla.

Consejo: monitorear el progreso hecho y celebrarlo. La investigadora de Harvard Teresa Amabile descubrió que no hay nada más motivador que el progreso.

 

2. Recompensas

Recompensarse se siente bien y penalizarse… bueno, lo contrario. Ambas cosas pueden ayudar a automotivarse. Las investigaciones científicas demuestran que las recompensas con ¾ de las razones por las que uno hace algo. David Niven, un Ph.D. en ciencias sociales y psicología, cuenta en su libro “The 100 simple secrets of sucessful people” que una investigación de 1999 muestra que el interés egoísta, es decir, las recompensas que hacer algo puede traerle a uno es el factor más significativo al momento de predecir la dedicación que una persona va a poner en una tarea determinada.

Consejo: si una recompensa a largo plazo no funciona, lo mejor es intentar un “dispositivo para comprometerse” como darle $ 100 a un amigo. Si uno completa el pendiente antes de determinado momento, recupera el dinero. Caso contrario, los pierde. Así, voilá… la cosa se puso extra emocional.

 

3. Presión social

La ciencia muestra que la presión ayuda a los niños a cumplir sus tareas. Lo mejor, entonces, es juntarse con las personas que uno quiere estar para hacer lo que tiene que hacer. Lo dice Charles Duhigg (graduado de la Universidad de Yale y de la Escuela de Negocios de Harvard) en su libro “El poder de los hábitos”: “Cuando las personas se unen a grupos donde el cambio parece possible, el potencial para ese cambio se vuelve más real”. El Proyecto Longevidad estudio arriba de 1.000 personas desde su juventud hasta la muerte y llegó a las siguientes conclusiones: “Los grupos que uno se asocia habitualmente determina la persona que termina siendo. Por ejemplo, aquellos que quieren mejorar su salud y se asocian con personas saludables terminan por estar mejor”.



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