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Winim: estos argentinos vieron el negocio en la comida que hoy tirarías (y ya pusieron $ 1 M para que te la comas)

La app Winim propone comprar comida a mitad de precio, pero la idea, controversial, tiene aristas poco claras. El detrás de escena de un periodista que intentó alimentarse siete días con lo que otros no comen.

Por HERNÁN PANESSI - 15 de Octubre 2019
Winim: estos argentinos vieron el negocio en la comida que hoy tirarías (y ya pusieron $ 1 M para que te la comas)

"El objetivo es la creación de una plataforma en donde los locales gastronómicos hagan importantes promociones para contribuir en el combate contra el desperdicio de alimentos”, asegura Santiago Guglielmetti, creador de Winim, la aplicación que permite comprar comida que los restaurantes van a tirar pagando la mitad de precio.

A su vez, Winim es la única low-cost entre las apps gastronómicas del país. 
Sus ofertas presentan descuentos que oscilan entre un 25 y  50 por ciento.
“El promedio es de un 32 por ciento con respecto al precio carta y es aún mayor la diferencia si se lo compara con las otras aplicaciones de comida que suelen inflar los precios para cubrir la alta comisión que les cobran a los locales”, dispara Guglielmetti.

Con respecto al desperdicio de alimentos, la información de la Organización para la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO) es contundente: en el mundo hay 821 millones de personas subalimentadas, casi 19 veces la población argentina.

Y, a lo largo de la cadena que liga a la producción con el consumo final se tiran 1.300 millones de toneladas anuales y, curiosamente, con solo un cuarto de ese volumen sería posible terminar con el hambre mundial.

Según datos de la Secretaría de Agroindustria, en la Argentina se desperdician 16 millones de toneladas de alimentos anualmente. Y 1,5 millón en etapas de comercialización y consumo. Ahí es donde pretende operar Winim.

El modelo de negocios de la app existe ya en muchos países del mundo. Las dos aplicaciones más conocidas son europeas: Too Good To Go (significa algo así como “demasiado bueno como para tirarse”) y Karma. Luego, en los Estados Unidos, están Food Hero o Food Cowboy. También aparecen NoFoodWasted en los Países Bajos y Sin Desperdicio en España.

En todas se yergue una solución “win-win-win”: “Ganan los usuarios al comer comida de calidad a un precio increíble, gana el local al poder vender todo y que no le quede nada y, por sobre todo, gana el medio ambiente, ya que juntos ayudamos a luchar contra el desperdicio de comida”, desarrolla Guglielmetti a Infotechnology

Por estos días, Winim ronda los 14.000 usuarios activos y maneja un promedio de 30 ventas diarias. Así las cosas, entre el espíritu filantrópico, altruista y emprendedor, la aplicación fue objeto de debate en todos los medios de comunicación.

¿Por qué vender la comida que está por tirarse? ¿Es éticamente correcto? ¿No sería mejor donarla? ¿Es la salvación de los comerciantes gastronómicos? ¿Podría ser esta una gran herramienta de transformación? ¿Realmente es comida que está por tirarse? ¿Es solo una aplicación de descuentos? ¿Resulta un buen paliativo de la crisis económica?

Usándola, ¿realmente se colabora para minimizar el desperdicio de alimentos? Y, lo más importante de todo, ¿los argentinos estamos dispuestos a realizar un cambio de hábito estructural? 

Para abordar todas estas preguntas (muchas retóricas e inabarcables, es cierto), esta crónica periodística está escrita en primera persona y es tan desenfadada como sincera. Y, para poner en contexto, fue desarrollada en pleno conflicto de las aplicaciones de delivery rápido con el gobierno porteño, las elecciones PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) y la posterior devaluación de la moneda de casi un 30 por ciento.

Fundaron el primer 'co-cooking' del país: qué es y cómo funciona

Seis cordobeses crearon Blimp, un concepto que funciona en la capital cordobesa como un co-working pero enfocado en el negocio gastronómico. Se trata del primer " co-cooking" del país y la región, aseguran sus fundadores, quienes planean inaugurar dos establecimientos en Buenos Aires, sumar otro en Córdoba y desembarcar en México en 2020.

DÍA 1

Vivo en Retiro, pegado al Centro, barrio que felizmente cuenta con mucha oferta gastronómica. Por acá hay bares, cafeterías, parrillas y lugares “fifí”. Por suerte, hay de todo. Siempre que paso por Mercado del Centro me parece una buena opción. Nunca había entrado, ni comido, ni tenía referencia alguna de su carta. Su onda de cantina porteña me cerraba de una. De hecho, por distancia, fue la segunda opción que me sugirió la app. Y, casi sin pensarlo, por precio y por tratarse de un sánguche, pedí uno de pechuga de pollo con queso, tomate, lechuga y una guarnición de papas fritas. Según la app, había cinco disponibles: adelante, nomás. Dejé mis datos (nombre, apellido, teléfono y la geolocalización hizo el resto) y pasé enseguida. “Por ahora, sale poco con esta app, debe funcionar mejor en ofertas menores a $100. Yo al menos no lo puedo ofrecer”, dice un muchacho joven con pinta de dueño, encargado o responsable del lugar. El sánguche con las fritas costó $150. Mientras que, el mismo, en carta, figuraba $240, unos $90 más. Salió enseguida y estaba riquísimo. ¿La sensación? Que no era una opción que ofrecían por exceso de stock, sino una oportunidad de aparecer en una nueva aplicación.

DÍA 2

Ya estoy más ágil con la app. Siento que me sale fácil. Abro el mapa, busco los puntitos verdes (los que tienen ofertas disponibles) y me deslizo en la interface. Hay otros en rojo y ahí no abre nada. Estimo que serán los lugares afiliados a la app que o ya agotaron sus promociones o bien no tienen nada para ofrecer hoy. Como sea, me cierra la idea de café y sánguche de jamón y queso con pan de masa madre.

Es en la cafetería Culto Café. Llego con el celular en la mano y les comento que compré en Winim. “Ah, ¿es de la aplicación?”, me dice el barista. Y continúa: “Es la primera vez que nos compran usándola”. Son las primeras semanas de Winim y, amén de los cruces tuiteros y mediáticos por el espíritu de la app  el grueso de la gente está conociéndola. Me sirven el cafe y me calientan el sánguche. No veo exceso de stock, noto todo fresco. Pago $140 y me voy.

DÍA 3

Casi de forma pavloviana, alguien me nombró al “shawarma” y quedé deseándolo un buen rato. Intenté buscar uno en la app y felizmente lo encontré. No obstante, el sueño erótico y chorreante no pudo concretarse: son las 12 del mediodía y la oferta de shawarma comienza a las 14. Ahora sí, a diferencia del resto de locales que aprovecha a Winim como una nueva boca de expendio y promoción, creo que efectivamente aquel lugar se maneja con stock porque, una vez que se arranca un shawarma, no puede guardarse. Esa producción tiene que salir sí o sí, pero quedará para otro día. Finalmente elijo un sánguche de lomito de Tutto Fresh, una tiendita dentro de un kiosco a 1,6 kilómetros de mi casa. Llego y el muchacho ya tenía preparado y separado mi pedido. Pago los $120 y el amable comerciante me ofrece kétchup en sobre.

“De estos pedidos salen unos 4 o 5 por semana”, desliza. Y sigue: “La verdad es que con el quilombo de los Glovo, Rappi y todo eso, me sirven”. Vaya el dato: este artículo está escrito en medio del conflicto de Glovo, Rappi y Pedidos Ya con el Gobierno porteño. Vaya otro dato: según datos filtrados desde las plataformas, a partir de la suspensión de las aplicaciones de delivery, se perdieron 40.000 envíos en apenas cuatro días de conflicto. 

DÍA 4

El barrio de Palermo ofrece tantas opciones como el Centro: cafés, sánguches, empanadas, dietéticas. Compro en La Vereda, un restaurante venezolano, una arepa y una gaseosa pequeña a $150. Buen precio. En lista sale casi $100 más. Creo que soy el único “turista” en el lugar, ya que buena parte de su público consta de venezolanos. El cajero desconoce la app y corrobora la compra con la encargada. “Sí, claro, es la primera vez que la usamos”, dice una de las responsables del lugar. Charlamos de postres. Un detalle recurrente: la cocinaron en el momento. Entonces, pienso: esta app podría mutar hacia los descuentos y prescindir de su espíritu original. Vuelvo a la app por un postre. Sin opción digital, elijo un manjar de la carta: un postre tres leches. Como no se trata de un take away, este tipo de lugares pueden verse favorecidos por Winim al presentar opciones de compra complementaria. 

DÍA 5

Tengo milanesas en casa. Qué bien. Se devaluó el peso un 30 por ciento. Qué mal. Otra vez, la economía argentina está revolucionada y eso se trasladará a los precios. Vuelvo al punto de este ovillo: salgo de grabar un podcast por el barrio de Palermo y decido comprar un pan artesanal de masa madre sin conservantes ni aditivos ($95), para acompañar las milangas. “Quedan 2”, anuncia la app.

Me acerco al local, De la tierra, una pequeña dietética con muy buenos productos y el comerciante estaba al teléfono. Su cara era de preocupación. ¿Con quién hablaba? Con los responsables de Winim. ¿Qué sucedió? Por la inestabilidad de la moneda, sus distribuidores no le entregaron mercadería. No tenía pan ni otros productos importantes para vender. Lamentablemente, la situación excede a ambos: De la tierra y la app. Solo enciende una pequeña alarma para los desarrolladores y rebota en el usuario, ¿quién maneja el stock de disponibles? 

DÍA 6

Súbitamente, como cualquier humano de bien, quiero empanadas. Chequeo en Winim y hay un local que las vende. Golazo, ahí vamos. Dice el anuncio: una docena más un plato volador (una hamburguesa en masa de empanadas con queso) a $280. El local se llama Empanairo y queda en el Centro. Le digo al comerciante que compré en la app y me dice que es la primera vez que la usa: ese precio es viejo. “¿Es por la devaluación?”, pregunto a propósito de la fuerte caída del peso argentino. “No, es viejo hace más de un mes”, me responde.

El vendedor muy amablemente se ofrece a cobrarme al precio que figura en la app. Por la gentileza, le dejé más propina, como para compensarlo. Una vez más, felizmente, no eran viejas ni postergadas: las empanadas salieron en el momento. En lista figuraban con un precio superior. Insisto, para mis adentros: de ahora en más usaré Winim como una cuponera de descuentos.

DÍA 7

Es mediodía, un sol tibio no llega a templar las bajas temperaturas de la Ciudad de Buenos Aires y hoy no quiero comer un sánguche. Un plato caliente sería genial. Abro Winim y veo que los precios de Empanairo ya están correctamente actualizados. A pocos metros de mi casa aparece una oferta interesantísima: pollo al horno con papas a $120. No soy un fanático del pollo pero, en general, al horno no suele fallar. El lugar se llama Windows y queda dentro de la Galería del Caminante. Me acerco a la caja y le comento al señor que compré con la app. “Dale, no hay problema”, me dice el hombre. “Les pedí a los chicos de la aplicación que me den de baja hace como dos semanas.”

Windows produce platos todos los días y para la tarde ya agota su producción. Si bien sus ventas bajaron como consecuencia de la crisis, todavía se las rebusca gracias a sus precios competitivos. “Los platos están frescos, así que vas a quedar muy conforme”, me despide. El pollo con papas está delicioso y sabe a hogar. Volveré, ya sin Winim.  

Lanzan una app que te deja comprar "comida vieja" con 50% de descuento

La cuestión del desperdicio alimentario en el país es grave. Las cifras son alarmantes: en la Argentina se desperdician 16 millones de toneladas de comida al año, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

La mala prensa no existe

Como muchos proyectos que inicialmente comenzaron en el garaje, sus creadores llevan mucho tiempo juntos. En rigor, Winim tiene tres fundadores: Santiago López Silveyra, Federico Broggi y Santiago Guglielmetti. “Nos conocemos desde salita de dos”, dice Santiago, el más “mediático” de los tres. Se trata de unos egresados de la Escuela Argentina Modelo que, como muchos jóvenes, querían emprender y, en sus propias palabras, “hacer un proyecto de millennials”. Con apenas unos meses en el ruedo, el team Winim opera desde el living del departamento de los padres de Guglielmetti, en el barrio de Recoleta, por lo que aún mantiene el espíritu homemade y realmente juvenil. El dato: los tres son sub-25. 

Fustigados en las redes sociales, los jóvenes emprendedores saben que no existe la mala prensa. En la comparación Micky Vainilla, el personaje más polémico del programa, desarrolla “un emprendimiento gastronómico eficiente” en el que un comedor comunitario consume “las sobras de un restaurante”.

Sin embargo, su principal inversión (la interesante suma de US$ 16.000) vino de la bulla que generó su presentación en sociedad. “Antes de lo que pasó en los medios el inversor no nos conocía y cuando nos vio en todos lados, empezó a investigar el modelo de negocios y se interesó en que se desarrolle acá”, explica Guglielmetti. Y cierra: “Con Winim queríamos hacer algo que tuviera un impacto positivo en la sociedad”.

¿Cómo fue que se acercaron esos inversores?

Los inversores se acercaron luego de que Winim se viera envuelto en la polémica en redes y medios. Luego de ver la difusión que tenía, varios empresarios quisieron analizar el plan de negocios y al advertir que tenía futuro (y al ser un modelo de negocios validado en diferentes partes del mundo), nos hicieron sus propuestas. Finalmente, la mejor oferta fue la de Ignacio Abuchdid, presidente de Invertir en Bolsa, una empresa de servicios financieros.

¿Qué opinan de las críticas negativas al espíritu de la app?

La mayor crítica que tuvo Winim fue por qué vendemos los excedentes. Nosotros esto no lo compartimos porque llegamos para ser el complemento de las ONG (con las que hablamos y nos reunimos) que tienen nuestro mismo objetivo: luchar contra el desperdicio de alimentos. Para cubrir a todos los que quieran donar, ya ellos los cubren y muy bien. Estamos para todos aquellos que, por diferentes razones, prefieran intentar vender todo lo posible antes de cerrar. Los gastronómicos también quieren salvar su negocio en una situación económica muy complicada; al menos liquidando la comida salvan el costo y no tienen más pérdidas.

¿Pensaron en convertirla en una app de descuentos?

En el primer mes de la aplicación nuestro enfoque fue 100 por ciento green y medioambiental. Ahora estamos virando hacia un perfil más de descuentos.

¿Por qué les interesó atender a los excedentes de producción y “salvar la comida”?

Los fundadores veníamos desde hace mucho tiempo con ganas de hacer una aplicación o emprendimiento, pero no queríamos hacer cualquier cosa: buscábamos hacer algo que tuviera un impacto positivo en la sociedad. Ahí fue cuando arrancamos a investigar diferentes problemáticas que existen en nuestro país, hasta que llegamos a un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura donde mostraban que uno de cada tres platos de comida terminaban en la basura. Es un dato terrible, no podía ser real. No solo por la injusticia que eso representa, sino también por la pérdida económica que significa para toda la cadena de alimentos. Desde ahí empezamos a ver diferentes formas de combatirlo alrededor del mundo, fuimos tomando diferentes ideas y las unimos en lo que hoy es Winim.

¿Cuáles son las zonas que mejor les rinden?

Varían por turnos y días. En los días hábiles al mediodía, el amplio ganador es la zona de Microcentro y, a la noche, Palermo. Durante los fines de semana o feriados se destacan Recoleta, Palermo, Las Cañitas, Villa Crespo y Belgrano.

Por momentos, al entorno de la app se lo nota en desarrollo. ¿Planean mejoras?

Tenemos muchas cosas en mente para sumarle a la app, todo el tiempo surgen ideas y chiches a meterle. En lo inmediato, nuestro próximo punto a sumar es delivery, que tenemos planeado lanzarlo a mediados o fines de septiembre. Otras cosas a sumar para este lanzamiento son filtros (por comida, zona, distancia, porcentajes de descuento), un rediseño general del flow y la experiencia del usuario por la app, notificaciones push, sistema de gaming por puntos para los usuarios y otros features que van a mejorar todo. Va a cambiar un montón.

¿Y cómo responde el usuario promedio?

Tenemos usuarios muy fieles. Los que la prueban suelen hacerlo en un local cercano y comprueban que lo que decimos de nuestros descuentos es real y lo aprovechan. Y está creciendo mucho a fuerza del “boca-en-boca”.

¿Cuánto invirtieron inicialmente? 

El costo total inicial entre que tuvimos la idea, desarrollamos la app, todo lo legal y comercial ligado a su desarrollo y el lanzamiento fue de US$ 16.000. Aunque parezca elevado, tuvimos la suerte de tener una gran y famosa software factory local haciéndonos la app móvil a un muy buen precio (NdE: Se negaron a especificarla). 



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