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Se terminó Game of Thrones: tres series futuristas y oscuras para reemplazarla

Las Space Opera actuales —series televisivas cuyas tramas transcurren en el espacio exterior— dejaron atrás las utopías y los conflictos infantiles y se concentran en imaginar lo que sucedería si la raza humana llega alguna vez a colonizar el espacio.

Por SEBASTIÁN DE TOMA - 06 de Septiembre 2017
Se terminó Game of Thrones: tres series futuristas y oscuras para reemplazarla

Las series de televisión funcionan como el baremo del estado de cosas de una época determinada. Así, “el espectador es quien pone los límites ‘morales’ de lo que desea ver, por eso aparecen temáticas más audaces y actuales; la televisión se libera de su moral conservadora y construye una nueva agenda pública”, afirmaba el investigador colombiano de medios Omar Rincón, en la publicación Nueva Sociedad hace poco más de un año.

Tal como sucede en otros géneros, como el fantástico, en el que la incertidumbre es el centro de la vida, o en el policial negro, con la corrupción como el motor de la historia, en las series con temáticas más alejadas a la vida cotidiana también las noticias y los sentimientos del “afuera” se cuelan.

Sucede, por caso, en las Space Opera, ese subgénero de la ciencia ficción en el que se cuentan historias con temáticas futuristas, rodeados —en ocasiones— de alta tecnología y que ocurre en el espacio. Los infantiles conflictos entre imperios y rebeldes de la Guerra de las Galaxias y la diplomática investigación de las maravillas del universo de Viaje a las Estrellas dejaron paso a conflictos más mundanos en donde la preocupación más común pasa por cómo conseguir poner comida en la mesa todos los días. Se centra menos en el gadget y más en los grandes dramas humanos: pobreza, desigualdad o racismo.

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Verbigracia, existen hoy cuatro series que problematizan las dificultades que podrían traerle a la humanidad la futura colonización del espacio: The Expanse, Dark Matter, Killjoys y Oasis.

Conflicto de clases en los asteroides

The Expanse surge de una serie de novelas del mismo nombre escritas por Daniel Abraham y Ty Franck (usando el seudónimo James S. A. Corey). Desde 2015, es producida por SyFy Channel estadounidense y Netflix, con un presupuesto que, se estima, es de al menos US$ 5 millones por episodio y ha sido renovada para una tercera temporada que podrá verse a partir del año que viene.

La trama de la primera temporada, de 10 episodios, salta entre la investigación policial de la desaparición de la hija de un importante empresario, y las complicadas relaciones entre la tierra, Marte y quienes viven en el cinturón de asteroides ubicados cerca de Júpiter. El lugar de residencia marca claramente la clase social de cada uno: mientras que el que vive en la tierra tiene aire, sol, alimentos y gravedad, los que habitan Marte tienen que pelear día tras día contra la falta de recursos y los “belters” (aquellos que viven en el cinturón de asteroides, por el vocablo inglés) sufren de los problemas físicos que acarrea vivir con baja gravedad toda la vida.

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Después de todo, no es lo mismo crecer en un barrio de emergencia que en una casona de una zona pudiente de cualquier ciudad. Lo que queda claro es que salir al espacio no va a solucionar los problemas inherentes del mundo en el que vivimos… solo se van a mudar al interior del Sistema Solar.

Oscuridad, muertes y dos armas humeantes

Dark Matter y Killjoys son dos producciones más pequeñas que la anterior, cuyos presupuestos rondan los US$ 3 millones por episodio (los gastos en TV son de los secretos mejor guardados de la industria). La primera fue creada por Joseph Mallozzi y Paul Mullie (ex Stargate, Stargate Atlantis y Stargate Universe), a partir de un comic que desarrollaron ambos.

La segunda fue creada por Michelle Lovretta (Lost Girl) y comenzó a transmitirse en 2015. La serie, cuyo nombre podría traducirse como “materia oscura”, comienza con una premisa bien simple: ¿Qué pasaría si un día seis personas (que tal vez se conocen o tal vez no) se despiertan en una nave espacial en pleno viaje y no tienen idea de quiénes son?

La primera temporada y la segunda muestran a este grupo enfrentarse a sus oscuros pasados y a nuevos enemigos, dentro de los cuales las megacorporaciones tienen un rol principal. Es que en ese universo, controlan toda la galaxia y deciden, como si de gobiernos totalitarios se tratara, sobre la vida de aquellos que tienen la mala suerte de cruzarse en su camino [nota del editor: hace pocos días fue cancelada, no pasará de la tercera temporada].

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Killjoys, en cambio, tiene más que ver con Han Solo que con activistas anticorporativos. Sigue las aventuras de cazadores de recompensas que tienen que hacer malabares para no enojar a sus empleadores y así lograr llegar a fin de mes mientras que intentan ayudar a las clases bajas que planean una revolución.

Se trata de una serie con mucha acción y gente linda pero, en el medio de todo eso, aparece también la problemática de la falta de empleo y el descontento social provocado por gobiernos para pocos que etiquetan al primero que pasa de ser un disidente tan solo por mirar a un policía de costado.

Salir de la burbuja verdeazulada que cobija a la raza humana no solucionará, también en este caso, las diferencias sociales que nos atan al suelo. Al final, y en esto sí reciben su herencia de otras Space Opera anteriores, todo termina por resolverse a los tiros.

La lucha por la supervivencia

La última serie, Oasis, en realidad aún no lo es, ya que por el momento no ha pasado del episodio piloto (cuyo presupuesto no se conoce). Amazon Video produjo el episodio cero a partir de una novela de Michael Faber, “El libro de las cosas nunca vistas” (Anagrama, 2016), y ahora lo puso a disposición del público general y no solamente de sus clientes Amazon Prime. Como sucedió en otras series que, finalmente, tuvieron luz verde, es el espectador quien decide qué se produce y qué nunca verá la luz del día: la plataforma pone a votación su futuro, de la misma manera que sucedió en 2015 con El Hombre en el Castillo, basada en el libro homónimo de Philip K. Dick.

Un pastor evangelista es llamado por el fundador de una colonia extraterrestre porque necesita resolver unos problemas espirituales. Cuando llega, se encuentra con que quien lo convocó desapareció misteriosamente, y con una tripulación que sufre alucinaciones que terminan en suicidios no intencionales.

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Más allá de la trama, que bordea lo espiritual, de este único capítulo sorprende que la colonización la lleve adelante una empresa multinacional de la que nada se conoce llamada USIC. Es difícil no comparar a quien es el desaparecido fundador de la colonia con Elon Musk, ya que ambos se enfrentan con problemas similares: sobrepoblación y falta de recursos en un planeta que está a punto de decir basta.

En los primeros minutos puede verse, de hecho, que la cantidad de personas sin techo en el planeta madre ha crecido exponencialmente, que comer es un privilegio, y que la radiación provoca muchísimas muertes por cáncer (tanto así que en los postes de luz se ofrece un servicio de suicidio asistido como si fueran clases de matemáticas). Es decir: es el mundo que le espera a toda la humanidad si no va con cuidado.

Parece ser que viajar a las estrellas no va a resolver nada porque la injusticia, los miedos y la falta de empatía no saben de fronteras, se ubiquen a la vuelta de la esquina o en un planeta rodeado tan solo por el frío del espacio.


Esta nota fue publicada en el número 238 (julio/2017) de Infotechnology.



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