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Emigró buscando "el sueño americano" y su creación ya factura US$ 1.383 M

Fue parte del equipo creador del mítico antihéroe. ¿Hay en el personaje algo del "gen argentino"?  Por HERNÁN PANESSI - 10 de Julio 2018
Emigró buscando "el sueño americano" y su creación ya factura US$ 1.383 M

Estirpe de ninja, katanas filo sas, armas de fuego, olor a muerte y pose de fanfarrón. La primera aparición de Deadpool, el “mercenario bocazas” que millennials y centennials aman, fue en el Vol.1 de “New Mutants”, de Marvel Comics. Ahí, en una saga de menor relevancia, Deadpool se enfrentaba a Cable, uno de los mutantes secundarios de X-Men. No había mayores expectativas para un personaje que parecía un clon bastardo de DeathStroke (de DC Comics), que fue creado como relleno en 1991 y que hasta tuvo su cameo cinematográfico (en X-Men Origins: Wolverine) al que nadie le prestó atención. Pero, curiosamente, fue en la cabeza de un argentino en donde se gestó la mayor y más extraña revolución de los superhéroes en los últimos años: las dos películas de la saga recaudaron en total US$ 1.383 millones en todo el globo. De hecho, la primera fue el estreno más fuerte de los "R-rated" (para mayores de 18 años) en los Estados Unidos desde "La pasión de Cristo", en 2004.

Deadpool es un personaje autoconsciente, malo, maneja el humor negro y la escatología, tiene estética de anime y —aquí gran parte de su gracia— rompe la cuarta pared. Les habla a los lectores, los interpela. Permaneció más de veinte años sin películas, ni videojuegos, ni series, ni nada y, hoy, con dos películas, cómic propio y tantos cosplays como asistentes a convenciones, a los chicos les encanta. Y se erige como uno de los máximos íconos de la cultura pop de la actualidad.

Así las cosas, Fabián Nicieza, el argentino que junto al estadounidense Rob Liefeld creó a Deadpool, dejó su Buenos Aires natal en 1966. Su familia y él viajaron a la ciudad de New Jersey, en los Estados Unidos, buscando un mejor destino laboral. Todavía era chico y aún le faltaba adaptarse a su nueva geografía. Creció leyendo cómics y desde siempre se sintió atraído por Batman y Superman, dos de los grandes referentes comiqueros. Gracias a ellos mejoró su inglés y en 1983, durante su paso por la universidad, entró a trabajar en la cadena de televisión ABC, en su primer acercamiento a los medios de comunicación.

“La hermana del amigo de alguien del equipo de softball en el que jugaba trabajaba para Marvel, por lo que me postulé para ser su asistente y en 1985 conseguí el puesto. De ahí en más empecé a crecer en la compañía”, recuerda Nicieza. Por estos días, el argentino creador de Deadpool ya lleva 30 años en la industria del cómic. Vio las dos adaptaciones cinematográficas personificadas por Ryan Reynolds y hasta tuvo un ofrecimiento para tener su propio cameo. “Intenté hacerlo pero el día de filmación se reprogramó debido al accidente con una doble de riesgo y luego ya no me coincidían las fechas”, dice.

¿En qué te inspiraste para la creación de Deadpool?

Lo trabajamos en conjunto con Rob Liefeld. El editor y Rob pensaron que él iba a escribir los diálogos, pero terminaron pidiéndome que yo los escriba. Inicialmente, cuando estábamos pensándolo, me lo presentaron como una combinación de Spider-Man y Punisher, y fue ahí cuando decidí hacerlo muy molesto, en contraposición al personaje de Cable, que es un tipo duro y muy rígido. Podría haberlo hecho como Snake Eyes de G.I. Joe, pero quería hacerlo completamente distinto. 

“Lo que tiene de argentino lo tiene por mi papá y porque yo lo soy.”

-Fabián Nicieza, creador de Deadpool.

¿Deadpool tiene características argentinas en su personalidad?

Sí, claro. Lo que tiene de argentino lo tiene por mi papá. Viviendo allá, estaba completamente aislado de la cultura argentina y el único referente que tenía era él. La única vez que volví a la Argentina fue en 1971, cuando tenía 10 años. Deadpool tiene cosas de argentino porque yo lo soy. 



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